Mi nombre es un olivo (relato de ficción realista)

Para Servando, cada campo de olivos exhibía su propio peinado. Las explanadas colmadas de árboles plantados a cierta distancia unos de otros con esmerada pulcritud aludían a los hermosos recogidos que las señoras de postín lucían los domingos y las fiestas de guardar. Algunas laderas evocaban la cabellera de Jacinta, frondosa, pero con poco lustre por la falta de medios. Los valles con olivos milenarios que desafiaban a la muerte, generación tras generación de aceituneros, y que eran fieles testigos del traspaso del legado de conocimientos del oficio se le antojaban similares a los pasadores de pelo que constituían parte de la herencia transmitida de madres a hijas y que otorgaban el broche de oro a un semirrecogido. La devastación de los incendios, la mayoría provocados por la mano del hombre, reducía los montes a ceniza, salpicaba el pelaje natural con calvas producidas por el fuego y, como si de un cáncer se tratara, acarreaba la ruina a las familias afectadas. En tal estado se hallaba él, como un campo de olivos lamido por las llamas. Atrapado en un cascarón de huevo, atormentado por fantasmas añejos y con una máxima conclusiva de la opinión que le merecía la enfermedad: «Ningún hombre debería verse jamás reducido a tan poco».

Leer toda le entrada en el siguiente enlace:

https://submarinodehojalata.com/2019/07/17/mi-nombre-es-un-olivo-relato-alicia-adam/

6 Comentarios

Responder a suenminoe Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s