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Cuando el corazón se enamora, el cerebro aprisiona

—Si me das la mano me bajaré de aquí. Lo sé. La desesperación y la amargura acabarán cansándose y se marcharán. Sé que no me crees, ¿por qué ibas a hacerlo? Apenas nos conocemos ya, me he distanciado tanto de ti que nos hemos convertido en dos extraños que no se reconocen. Pienso que la imagen que proyecto de mí no me representa, es una mala copia de mi yo óptimo, o sea de ti, ese que es capaz de hacer cualquier cosa y llegar más lejos que el infinito —ultimó de forma cariñosa su súplica—; por favor, corazón.

—¿Te has vuelto loco, cerebrito? ¿Por qué iba a ayudarte a bajar? Solo eres un estorbo. Mis hombros notan la sobrecarga cuando proyectas cada uno de tus “no puede ser” ante cualquier empresa. Me he enamorado y no quiero verme desbordado con tu negatividad. Lo siento. —Al menos tuvo la decencia de mentir.

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Vi como mi yo óptimo se marchaba sin mirar atrás. El vacío se anidó en mi cabeza y las palabras sellaron mis labios por dentro. Me preparé así para el letargo. Era cuestión de tiempo. No tardaría demasiado en presentarse ante mis puertas para suplicar que le arrojase lágrimas a los ojos y, le acunase sus noches en vela con toda mi sarta de consejos, que ahora despreciaba, pero que no tardaría en necesitar como un bálsamo.

«Cuando el corazón se enamora el cerebro aprisiona», eso lo sabe todo hijo de vecino. Pero luego llega la garra del tiempo y la fase de enamoramiento se esfuma y ¡zas!,  volverá a necesitarme.

Alicia Adam

 

La imagen ha sido tomada del siguiente enlace:

https://www.google.com/search?q=foto+de+corazon+y+cerebro&client=firefox-b&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwj9roGrrO3cAhWH4IUKHc1RAicQ_AUICigB&biw=1366&bih=646#imgrc=LyrploS5P3V8cM:

Mi sombra

Cada día que pasa me pierdo más dentro de los recuerdos. Paseo por las mismas calles de siempre sujeto de mi propia mano y, de una soga sin sentido ni principio. Vivo la misma jornada con un nuevo dígito en el calendario.

Esta mañana mi espejo se negó a devolverme el reflejo y mi sombra se quedó en casa. Hace tiempo que vengo notando que se encuentra más apegada al sofá que a mí. No la culpo, puesto que es donde paso la mayor parte del tiempo, contemplando como crecen las arrugas del techo y, como las pelusas han ganado confianza entre ellas y han empezado a repoblar mi vivienda.

Giro en la esquina donde saco un pitillo que nunca termino durante el trayeto. Ante mi falta de concentración determina primero apagarse y, tras varios encendidos, me da por imposible y decide precipitarse al vacío entre mis dedos.

Abro la puerta y me dirijo al sofá con una lata de cerveza, le ofrecería una a mi sombra, pero no bebe, a pesar de eso, le gusta aparentar que sí, jugando a retorcerse en la pared. Me mira con desprecio, me arrebata la cerveza de la mano y le da un par de tragos. El último me lo escupe a la cara y me dice:

—A partir de ahora cambiarás las tornas. ¡Estoy harta de ti y de tu vida de mierda! Eres un humano insulso. No tienes sangre en las venas ni vida en las entrañas. Eres más sombra que yo.

Noté como los latidos iban disminuyendo de velocidad conforme los colores de mi cuerpo se iban desprendiendo y posando en la silueta negra, que iba absorviéndolos y tomando cuerpo.

Alicia Adam

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La fotografía ha sido tomada del siguiente enlace:

https://www.google.com/search?client=firefox-b&biw=1366&bih=646&tbm=isch&sa=1&ei=q55wW_7kEcPGgAby_raQAw&q=sombras&oq=sombras&gs_l=img.3..0l10.8686.8686.0.11968.1.1.0.0.0.0.127.127.0j1.1.0….0…1c..64.img..0.1.126….0.PUHCOpBIiYE#imgrc=5TWgj4iYOTD1EM:

 

 

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