Corazón de cera (relato gótico)

Un sueño le mostró el futuro. Uno de esos sueños en los que no cerraba los ojos y vislumbraba con total nitidez lo que iba a pasar. No le gustaba llamarlo premoniciones, aunque ya sabía que eran eso, porque le daba miedo tener ese don: Adivinar cómo y cuándo alguien iba a morir. Se dijo, “¿qué me diferencia de los mortales que están locos? Seguro que lo locos piensan que no lo están, que lo son los demás por no ver más allá de sus narices.

Todo marchaba, como marchan las cosas cuando no marchan bien. Odiando y temiendo las pesadillas que no acudían cuando cerraban los ojos, si no cuando los abría de más, y la línea del tiempo se fisuraba.

Vivía como quien vive temiendo a vivir una realidad que solo se mostraba para él. Una vez que lo tachasen de loco, no habría vuelta atrás. Sería una condena peor que la cárcel, peor que la muerte.

Y el amor llega cuando tiene que llegar. Entra por la puerta sin pedir permiso. Entra con una sonrisa fresca, con unos labios apetecibles y con un cuerpo al que llamar hogar. Amó y fue amado sin mesura. Tanto que las muertes anunciadas se olvidaron de él, pensó. Porque el amor construye una presa y nada entra y nada sale sin abrir la compuerta.

Y la primera discusión estúpida llegó e hizo una fisura en el muro de contención. Dos días sin el ser amado son suficientes, para que Hela tomara su venganza por ser ignorada. En el día que se anuncia la noche más vieja del año, se presentó en sus dos planos, la hermosura de su rostro y la mitad de su cuerpo en putrefacción. Muerte y vida, esperanza y perdición en un mismo cuerpo. Y habló:

-Mis llamadas cuando no se escuchan hay consecuencias: Ella morirá en la última campanada que cierra el día y abre la noche, de la que soy dueña y señora. Será tu ofrenda para que nunca olvides a quien perteneces.

Las súplicas de nada servirían, no las ofreció. El llanto, la alimentaría, no le obsequió con él. Optó por un pacto:

-Seré tu súbdito y haré cuanto pidas si la liberas de tu condena. Solo quiero pasar una última noche en sus brazos.

-Toma este corazón de cera, cuando la vela se consuma, tú pertenecerás al inframundo.

Y corrió a su encuentro con el corazón entre las manos. Y consumaron su amor al tiempo que la vela se consumía. Y cuanto más ardía el fuego entre las sábanas, la vela complacida ardía parando el tiempo.

Y no sé si es cierto o no, si acaso pura invención, pero hay quien dice que consiguió burlar a Hela y, aún hoy, siguen siendo: Los amantes del corazón de cera.

Alicia Adam

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