El edificio de las mentiras (relato corto)

      Aquel día salí de casa demasiado temprano, las farolas seguían encendidas mientras mi esposa y el resto del mundo dormía ajeno a mis intenciones. No había quien me parece ni quien dijese que estaba mal lo que hacía. Salí y conduje ebrio. Visualicé un portalón como entrada de acceso al infierno y pisé a fondo el acelerador. No lo vi. No vi al niño que corría detrás de su pelota e impacté contra su cuerpo. Recuerdo el sonido de sus huesos al quebrarse y un grito ahogado. Di marcha atrás y huí de aquel infierno que había creado.

     En el garaje al tiempo que limpiaba los restos de sangre el alcohol se iba evaporando y en su lugar se instalaban los remordimientos. Miré el reloj tenía que acudir a la oficina como cualquier otro día para no levantar sospechas. Abrí la puerta del edificio de las mentiras y me senté en mi escritorio. Leí el letrero que lo presidía: juez Carter. Escuché los sonidos de los tacones de mi secretaria aproximarse. Respiré hondo y maldije a mi suerte: la locura empezaba y terminaba con ella.

Alicia Adam

limpia coche

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