El buitre. II Los muertos hablan (noveleta negra)

EL BUITRE

CAPÍTULO II. LOS MUERTOS HABLAN

2 semanas antes

 

Paolo Darinkson veía la televisión con los auriculares puestos a todo volumen. Se trataba de un hábito que adquirió en la infancia, solapaba las voces de los muertos con las que procedía de la caja tonta. Se insufló paciencia: «si aguanto el tiempo suficiente ignorándolas, se aburrirán y se marcharán por donde han venido». No obstante, aquellas voces muertas no solo no se daban por vencidas, sino que fueron incrementando la intensidad de la tortura de forma paulatina:

   Se iniciaron como un susurro en tono de súplica, pidiéndole clemencia para que mostrara a las familias el lugar donde habían sido arrojadas como desperdicios; con el fin de contar con un entierro digno. Los susurros pronto se convirtieron en gritos desgarradores y, finalmente, pasaron a proyectar en su sesera imágenes de los tormentos a los que fueron sometidas.

   Darinkson se arrancó los auriculares y con el rostro demudado por el dolor musitó:

    —Por favor, por favor. No aguanto más. Dejadme o acabaré volviéndome loco. Yo no soy ese hombre y tampoco soy un héroe. ¡No puedo pararlo! ¿Os habéis fijado bien en mí? Apenas mido un metro sesenta y soy un enclenque. Me matará.

   —Diles a las autoridades dónde yacen nuestros cuerpos —corearon las cuatro voces al unísono.

   —Si hago eso creerán que he sido yo o que estoy implicado en esas monstruosidades.

   El televisor cambió de canal y mostró la fotografía de la quinta mujer desaparecida: Charis Smith de veintiséis años. En el telediario mencionaron que la última vez que fue vista salía del trabajo, una cafetería en la que trabajaba de camarera. Todas las víctimas desempeñaban puestos de cara al público (camareras, cajeras y dependientas) en cadenas de empresas con una gran afluencia de clientes.

    Paolo se dejó caer de rodillas al suelo clamando clemencia.

   —¡Fíjate bien en su rostro aún tiene toda la vida por delante! —ordenó la voz más antigua. En cambio, él los cerró aterrado. En su mente permanecía la fotografía de Charis. —Ella cuenta con una oportunidad. Muestra donde se encuentra. Si ella muere, dejaremos de ser tan benevolentes contigo.

   Darikson sopesó las posibilidades con las que contaba que no eran demasiadas. Acudir directamente a la familia, podría traer más inconvenientes que ventajas. Había demasiadas variables imposibles de controlar movidas por el dolor y la necesidad de venganza. Podrían pensar que se trataba de un engañabobos, que lo hacía para sacarse unos cuartos o que era una confesión y matarlo a palos. Enviar una carta certificada a la comandancia más cercana, requería disponer de un tiempo valioso del que no disponía hasta que se entregara el mensaje; y mientras tanto sufriría toda clase de penalidades. Tantas como para desear estar muerta.

   Más que valor fue el miedo a volverse loco y a terminar en una tumba dentro de su propio cerebro; la razón que le impulsó a presentarse ante la policía. Justo cuando terminaba de colocarse el abrigo pegaron en la puerta. Dos agentes le mostraron su placa y se identificaron.

   —¿Podemos pasar? —preguntó de forma retórica un agente con la voz blanda cuando ya había dado varios pasos y se dirigía al salón.

   Paolo lo siguió y se sentó en el sofá frente a ellos. El agente que no había hablado y parecía una mala copia del anterior sacó una libreta de notas, echó un vistazo con sutileza alrededor y anotó algo.

   —Verá, alguien nos recomendó sus servicios —continuó el agente. —Es una persona que pidió mantenerse en el anonimato. Nos dijo que es usted un vidente y que es capaz de hablar con los muertos —recalcó con fingida incredulidad—. Iré directo al grano. Llevamos el caso de las mujeres desaparecidas. ¿Podría ayudarnos?

   Paolo lo miró perplejo. Enseguida recordó que la esposa de aquel agente le pidió ayuda para ponerse en contacto con su difunta abuela. Y la señora desde el más allá le indicó donde escondía algunas reliquias de la familia. Por tanto, la fuente anónima no era tal. Sintió como parte de la carga que llevaba en los hombros se aligeraba. Decidió dar los datos necesarios para que encontrasen a Charis y rezó para no tener que arrepentirse por hacerlo.

   —Polígono los Rosales, zona siete, local cinco.

   —¿Cómo sabe eso?

   —Acabo de recibir la información —mintió.

   El agente de voz blanda, Doron Ferrer, hizo una llamada para dar el aviso. El reflejo silencioso, al que todos llamaban Cero, le enseñó las anotaciones.

   —Lleva el abrigo puesto, ¿pensaba salir?

   —Sí. Iba hacia la comandancia.

   Los dos agentes se miraron con escepticismo.

   —Ya veo. Mientras comprueban ese dato le haremos algunas preguntas para rellenar el informe. —Darinkson sospechó que querían ganar tiempo hasta que se efectuara el rescate. —Nuestra fuente nos explicó que su don es hablar con los muertos —repitió el agente, de nuevo observó con pulcritud cualquier atisbo de cambio en su actitud corporal.

   —Sí.

   —Eso quiere decir que Charis Smith está muerta.

  —No. Está viva —dijo Paolo.

   —Si ella no está muerta ¿cómo sabe dónde se encuentra?

   —Los muertos hablan de otros muertos y de quienes aún siguen con vida.

   La voz muerta más antigua se manifestó para darle las gracias y recordarle que ese era el primer paso.

   Ferrer se levantó para atender una llamada. Al regresar se dirigió al anfitrión:

   —Charis Smith estaba donde usted dijo que estaría. Está viva.

   Darikson cerró los ojos y cuando los abrió un torrente de lágrimas se abrió camino.

   —Tendrá que acompañarnos a la comisaría.

 

 

3 Comentarios

  1. OMG. No sé porqué no había hecho comentario de este texto, si es que me encanta la historia (te lo he dicho 🥺). Pues eso, que está espectacular. Desde que comienzas a leerla te eriza la piel y te impregna de un ansiedad inmensa. Cada párrafo es un salto en el estómago. Si esta noveleta no se completa, creo que moriré😲 .Es que hasta me la he imaginado como película y todo. Genial historia, manera de narrar, todo.👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰

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