Las cartas del destino

-Las cartas me muestran dos caminos en el amor. Fíjate -posó su dedo sobre una-. Tu príncipe vendrá acompañado de un valeroso caballero, sangre de tu sangre, dispuesto a morir por ti.

-Háblame de ese príncipe, ¿se enamorá de mí?

-No ese estúpido solo te querrá por tu plata.

-No digas tonterías, por qué siempre aguas el cuento.

-Lo ponen en las cartas -refunfuñó.

-¿En qué carta? Te lo estás inventando.

-¡Vamos chicos a comer! ¡Vamos vamos! ¿Es que no me oís, llevo horas llamandoos? -rugió Casilda aferrada al cucharón.

-Ya vamos mamá -Raulito recogió las cartas que él mismo había dibujado con esmero, tanto como era posible para un niño de siete años.

La pequeña tomó la mano de su primo para caminar juntos hasta la mesa del comedor y, éste pensando que a veces había que echarle un cable al destino, puso una moneda de plata entre sus palmas.

8 comentarios sobre “Las cartas del destino

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